jueves, 13 de mayo de 2010

PRÁCTICA DOCENTE Y CONFRONTACIÓN

Re: La aventura de ser maestro
de JAVIER JIMENEZ CASTRO - martes, 15 de diciembre de 2009, 01:55

A 15 de diciembre del 2009
Javier Jiménez Castro

-LA AVENTURA DE SER MAESTRO-
RELACIÓN ENTRE “EL MALESTAR DOCENTE” Y MI HISTORIA PERSONAL
ALGO QUE NO ESTÁ RELACIONADO CON UNA PARTE DEL TEXTO “EL MALESTAR DOCENTE” PERO EXPLICA MI HISTORIA:
Para entender la historia de mi actualidad como docente, paso a explicar los inicios, muy esquemáticos:
NIVEL PRIMARIA
El primer año lo hice dos veces.
El quinto año lo hice dos veces
El sexto año aprobé en todas las materias con seis.
Hice la primaria en ocho años.
NIVEL SECUNDARIA
El primer año lo hice dos veces
El segundo año lo hice dos veces
El tercer año lo terminé medio año después que todo el grupo, quedé debiendo materias.
Hice la secundaria en cinco años y medio.
NIVEL BACHILLERATO
Entré al bachillerato a los 21 años de edad, en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), plantel Vallejo. Realicé continuos los tres años pero reprobé matemáticas III y no obtuve mi acreditación hasta dos años después.

NIVEL PROFESIONAL
A) Como no podía inscribirme en la Facultad de Ciencias de la UNAM por no haber acreditado matemáticas III en el bachillerato, solicité estar de oyente en la carrera de biología.
Me permitieron estar de oyente en todas las materias de la carrera de biología y estuve así dos años continuos sin faltar a clase ni a las prácticas de campo.
B) Una vez que apruebo matemáticas III del bachillerato, me inscribo formalmente en la carrera de biología en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Iztacala (hoy Facultad de Estudios Superiores, UNAM) y empiezo desde el primer semestre
Hice dos años de carrera de biología como oyente.
Hice cuatro años de carrera de biología formalmente.
Total, seis años en la carrera de biología.
Estudie bachillerato y la carrera de biología de 1971 a 1980, igual a 9 años.
Terminé la carrera de biología en 1980 y me titulé en el año de 2006.
Me titulé 26 años después de terminar la carrera.
Con la relación expuesta, quiero dar a entender que conozco de primera mano (de primera vivencia) aspectos de porqué algunos alumnos son marcados como pésimos estudiantes: no estudian, reprueban, abandonan la escuela, son juguetones, groseros, no entienden nada, no ponen atención y un largo etcétera.
¿Imaginan cuántos epítetos he ganado?
PORQUÉ LLEGO A LA DOCENCIA
Llego a la docencia por la necesidad de tener un trabajo, por hambre. Pero como ya lo he dicho, pronto me atrapa el oficio. No tuve asignatura ni profesor que me dieron pautas para la enseñanza, poco a poco uno le agarra el sabor, parece que “era lo que quería”.
CÓMO EMPECÉ MI ACCIÓN EN EL BACHILLERATO
Hice lo que traía de sabido: a) Exposición ante el grupo. B) Preguntas clásicas: “¿le entendieron?” “qué dudas tienen”. C) Aplicación de exámenes. D) El examen más las tareas definían el numerito que calificaban el “saber” del alumno.
· Preparaba la clase. Trataba de usar las definiciones más “científicas” y el lenguaje oscuro.
· Si los alumnos reprobaban, me escudaba en que les había explicado según el libro y ellos eran los culpables por no poner atención.
· Yo sabía y ellos aprendían.

LA RUPTURA EN MI OFICIO DOCENTE (O CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA)
En el 2003 llego a laborar a la población de San Esteban Atatlahuca, con una experiencia de 10 años en el CECYTE. Así que trato de dar lo mejor de mí. Voy con la misma dinámica ya descrita.
Una mañana, en el grupo de segundo semestre donde impartía química II, se da el siguiente diálogo con el alumnado:
-Alumno X, desde su mesabanco.- Maestro, no le entendemos nada. Escuchamos palabras que no conocemos.
-Alumna Y, se levanta del mesabanco.- Si profe, le pongo atención pero su lenguaje es así como diferente.
-Alumno Z, desde su mesabanco.- Mire, usted nos explica pero no estamos acostumbrados a lo que dice y lo del pizarrón no sabemos ni qué.
Así los integrantes del grupo con mucha cordura, decencia y sin alterarse me comunican que mi clase no es entendida.
Era un día martes. Los siguientes días: miércoles, jueves y viernes ya no di clase. Asistí a los grupos pero decía lo mínimo, confesé que estaba preparando nuevo material.
Ante el hecho, tuve dos respuestas: Una de enojo y otra de profunda reflexión: hubo tambaleo de mi ser, de mi trabajo de profesor. La acusación, el señalamiento era simple: no entendían mis explicaciones.
Empecé a recordar mi vida de estudiante: años de reprobación por no entender a mis mayores: me puse en el mismo lugar que mis alumnos y estábamos igual, no entendíamos a los catedráticos.
JOSÉ M. ESTEVE
Me llegó algo parecido a Esteve: empezar a ser un maestro de humanidad, transmitir lo que sirviera para toda la vida. Me ha costado un trabajo inmenso desechar los esquemas que traía como si fueran marcas de toro: ya henchidos y cualquiera los notaba.
No me daba cuenta que “Lo único verdaderamente importante son los alumnos” pero ese día martes los alumnos me dieron luz de una forma tan sencilla y tan decente, que yo comparto esa dicha de tener el aprendizaje de estos muchachos que antes “no entendían” y era al revés: yo estaba mal.
Si notan, en mi participación no cito continuamente a Esteve, pero todo va permeado por su vivencia que describe en el texto “La aventura de ser maestro”.
RUMBO AL CAMBIO EN MI OFICIO DOCENTE
Lo primero que hice fue decir las menos palabras, busqué estrategias de participación colectiva; empezamos a salir del salón, dejaba menos tareas y el examen no lo era todo aunque la administración solicitaba la presentación de ellos.
Elaboré material didáctico e hice un cambio en mi vida de docente: empecé a estudiar con detenimiento la conducta de los educandos.
Como he dicho, los alumnos de la región donde laboro desconocen muchas palabras en español y por otra parte no están acostumbrados a escribir, la primera meta que nos trazamos los docentes en el centro escolar fue hacer que los alumnos escribieran.
El objetivo no fue que aprendieran química, ni biología, ni ciencias de la salud con sus definiciones precisas. –Por cierto, quién de los licenciados en administración de empresas o licenciados en derecho o licenciados en informática y que llevaron la asignatura de química podrían hacer la configuración electrónica del plomo y cuáles son los números cuánticos.-
Nos llevó aproximadamente tres años para que las nuevas generaciones de alumnos pudieran escribir, hoy les dejas un trabajo y ellos se ponen a escribir sin que los apures. Puedes ver en el salón que están sentados haciendo su tarea en equipo o individualmente. Ya pasamos a la fase de la comprensión de definiciones precisas, de resolución de problemas. Ha sido un trabajo lento pero ya miramos los frutos: ya se comunican de manera escrita y oral.
Estamos en cambio, la vida es cambio y somos contentos. Seguramente en próximos trabajos pueda ampliar la experiencia que vivimos en el Plantel 24 “San Esteban Atatlahuca”.
Por lo pronto sabemos que no queremos alumnos de concurso; queremos personas que se vayan alumbrando con la nueva luz del conocimiento. Ahí estamos los profesores con todos los señalamientos vertidos por José M. Esteva y con nuestra visión propia.
Los docentes en el plantel 24 tenemos la preocupación por los que no reprueban, por los que abandonan el colegio, por los que reprueban y nos cuestionamos por aquellos que no llegan a inscribirse a nuestro plantel, preguntamos ¿Qué hacemos mal? ¿Qué deberíamos hacer?

1 comentario:

  1. Agradezco a quien escribió este relato tan emocionante, realista y lleno de esperanzas. Esperanzas por tocar y cambiar actitudes hacia el aprendizaje por la vía de hecho.
    Es muy deseable que los profesores que vivimos retos insospechados día a día, en la escuela y en las aulas, nos atrevamos a escribirlos, a documentear la experiencia docente. Esto ayudaría a conocer otras vivencias, quizá semejantes, quizá muy distantes, pero que contribuirían a no sentirnos tan solos, a veces abandonados, sino a sentirnos acompañados en esta compleja, difícil y ardua profesión, pero a la vez, llena de grandes sorpresas agradables.

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